domingo, 24 de febrero de 2019

D. JOSÉ MARÍA GIL TAMAYO ENTRA EN LA CASA GRANDE


Hace pocas horas que hemos vivido una jornada especial, con muchas expectativas puestas en ella y que se han visto sobrepasadas a lo largo de todo el día.

Para el día 22 de febrero estaba programada la visita del Obispo de Ávila a la Casa Grande de Martiherrero. No había que preparar mucho porque aquí se ve lo que hay y lo que somos y se hace. Solo había que ajustar los tiempos a los lugares a visitar dado que esta casa es tan grande que, aunque se venga toda la mañana, hay que preveerlo todo. Así se ha hecho y así nuestro presidente, el Obispo de Ávila, ha podido convivir con todos. Digo convivir porque conocer... ¡vamos que si nos conoce! Me consta que antes de su consagración como obispo ya sabía cómo era y estaba esta Institución y eso se agradece mucho cuando se necesita ayuda y, sobre todo, cuando hay que sentir la mano amiga a la vez que tienes al lado a una persona que cree en lo que hacemos, para que nuestros chicos (a los que ya considera suyos también) tengan unos parámetros de calidad óptimos y acordes a la vida que tienen que vivir.

Si hay algo que ha caracterizado esta visita ha sido la humanidad, la sensibilidad y loas gestos de ternura que nuestro Obispo ha tenido con todos los chicos. Su espontaneidad y sencillez en las formas externas hace muy fácil el trato y el contacto desde el primer momento. También he de decir que hay un detalle muy importante que ha facilitado este elemento: se notaba, y mucho, su cercanía y su conocimiento de lo que es el mundo de la discapacidad intelectual. Sus gestos de camaradería y su conversación tan de tu a tu con ellos denotaba que estaba en un terreno conocido. ¡No sabe Vd. cómo he agradecido esta actitud! Los chicos hoy han sentido el cariño de su Obispo por lo que estoy convencida que ya le consideran un amigo, su amigo D. José María, sin protocolos pero con mucho respeto.

Me consta que el Obispo se ha encontrado muy cómodo y feliz en esta Casa, pero también sé que ha habido momentos de emociones fuertes y que han sido difíciles de evitar y disimular y esa actitud le ha humanizado mucho delante de todos los profesionales de esta Casa.

Ha habido abrazos, sonrisas, preguntas y respuestas, en definitiva una gran empatía con todos y hacia todos los chicos.

Cuando se viene por primera vez a la Casa Grande se descubre lo que aquí hay y así es como, estando in situ, se puede entender la inmensa labor que la Diócesis de Ávila viene realizando desde hace casi 54 años. Una labor muy reconocida unas veces y otras vapuleada y criticada en exceso. A veces la ignorancia es la más absurda de las actitudes, pero ese es el precio que pagan a veces las instituciones con más de medio siglo.

Ha sido una jornada muy dinámica y activa, ha dado tiempo a todo lo que estaba programado e incluso a más cosas. El encuentro con los profesionales ha sido muy clarificador. El mensaje tenía mucha fuerza y estaba muy definido. Lo que quería decir lo ha dicho desde la transparencia y la verdad para que todos lo entendieran y

tengan muy presente su compromiso y fidelidad a esta Institución.

Así de esta manera hemos pasado esta jornada inolvidable para nosotros y creo que también para nuestro Obispo, que hoy ha conocido otra de sus casas, pero esta tiene un color especial en su entorno y además huele a justicia social y a amor por los que menos tienen, aunque por otra parte son los más nobles y, en definitiva, los campeones.

Aquí le esperan sus chicos de la Casa Grande. Vuelva pronto, cuando quiera y sin avisar, porque esta es su casa



lunes, 7 de enero de 2019

JUAN CARLOS GONZÁLEZ MARÍA



Hola mi querido Juan Carlos:

Ha comenzado el Año 2019 y no estás, ni vas a volver, esta es la verdad que hay que empezar a asumir. Cuesta aceptarlo y creerlo porque todo ha sido muy rápido y, sobre todo, sin ruido ni estruendos. Ha sido como tú eras y como tú has querido que fuera. He de decir que ni ante esta situación, has querido ser el protagonista, aunque lamentablemente y a nuestro pesar, lo hayas sido.

Llegaste muy joven a esta Casa, tu casa. No tenías aún 20 años cuando apareció este lugar en tu vida. Cambiaste Arévalo por Martiherrero. Aquí durante casi 30 años te has educado y has vivido la vida que te ha tocado.

Has sido un chico de grandes y largos silencios que ha querido mucho y de una manera noble. Con tu mirada profunda has tratado de buscar siempre lo que cada persona escondía en su interior. La observación junto con la reflexión hacia cualquier acto de la vida, han sido cualidades que marcaron tu día a día.

Han sido tantos años aquí en esta Casa que ahora todo son recuerdos, vivencias, anécdotas, imágenes, sonidos…en definitiva, un recorrido por tu vida hasta llegar a esos 49 años que se han visto truncados por esa maldita enfermedad que cuando aparece es como un tsunami que lo arrastra todo y sólo deja lo que más duele: los sentimientos y el recuerdo.

Aquí has estudiado y trabajado y también te has divertido. Los libros y la lectura han sido siempre tus compañeros y un referente en tu vida. Leer y aprender eran tu obsesión. ¡Cuánto te gustaba leer a Pablo Coelho! Sé que Sonia Abad te los proporcionaba y conversaba contigo sobre lo leído. También conozco tus largas conversaciones con Javi Martín Obregón, el psicólogo, pero, sobre todo, tu amigo. Tu educación la has mantenido hasta el último momento. Ni tu mala salud de hierro ha alterado tu “saber estar” Juan Carlos.

Estoy escribiendo y se me agolpan tantas cosas en mi memoria que estoy convencida de que me dejaré mucho en mi recuerdo. No importa, se quedarán para cada uno de nosotros. Todos los profesionales de aquí, tu casa, guardamos muchas vivencias en las que tú siempre estás.

Has trabajado en muchas cosas pero sobre todo has sido jardinero, has sabido mimar todo lo que tiene vida. ¡qué bien lo hacías en la Senda Botánica en nuestros jardines! Con cuanta delicadeza tratabas a los niños que venían de otros colegios. Decididamente sé que te gustaba enseñar y estar conversando con otros, con todas aquellas personas que te aportaran algo, grandes o pequeños, daba igual. Cuando tú querías eras un gran conversador, con una voz profunda a la vez que pausada.

Has participado en todo en lo que en esta Casa se ha hecho. Tan sólo hay que recordar la cantidad de obras de teatro en las que has participado. Lo hacías bien, tu perfeccionismo te llevaba a exigirte mucho

También has viajado con esta Casa. Como has disfrutado en las excursiones Juan Carlos. Tú afán por conocer cosas del mundo se palpaba en tu mirada a través de esos ojos profundos que lo decían todo. Paris te embelesó y Roma te cautivó para siempre. Juan Carlos, mi gran vivencia contigo tuvo lugar en El Vaticano en nuestro encuentro con el Papa Francisco. En ese viaje muchas personas descubrieron al verdadero Juan Carlos González María. Recuerdo tus palabras y tu actitud cuando Esther Martín y Jesús y Marga (VIDICAM) estuvieron reunidos contigo con motivo del vídeo que mandamos al Papa Francisco. Les sorprendiste muy favorablemente. ¡Eras tan diferente, Juancar!

En el viaje cautivaste a dos personas: D. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila en ese momento y también a D. José Luis Retana, actualmente Obispo de Plasencia. En la audiencia con el Papa Francisco nos emocionaste a todos, incluido al propio Papa cuando le pediste que rezara por vosotros, por ti, para que supieseis llevar con la máxima dignidad la vida que os había tocado, esa enfermedad le dijiste, que nadie entiende o que resulta difícil de entender. Aún recuerdo como te miró el Papa Francisco y como te envolvió con sus brazos D. Jesús, nuestro Obispo. Algunos, los que no te conocían hubieran querido saber que pasaba por tu interior para decir esas frases viniendo como venias de un centro de discapacidad intelectual. Los que te conocemos, sabemos que tú eres así, tal cual. ¡Has pensado y reflexionado tanto sobre tu vida Juan Carlos! ¡Te conocías bien a ti mismo!

Así, unas veces mejor y otras no tanto ha trascurrido tu vida. Una vida dura, difícil donde las haya, llena de dudas e interrogaciones. También ha estado llena de grandes sacrificios, incluso económicos y que tú supiste llevar con mucho señorío. Eras consciente del valor del dinero y de lo que cuestan las cosas. Por eso te sacrificaste a veces para conseguir llevar a cabo tus sueños. ¡Hasta eso ha sido duro Juan Carlos! ¡Pero hasta en eso fuiste un caballero, mi niño! ¡Menos mal que entre todos los de esta Casa han estado siempre a tu lado para que todo pudiera ser un poquito más fácil!

Hoy cuanto más escribo más rabia tengo y más me cuesta entender las cosas que pasan en esta vida. ¿por qué este final? Hay personas que tienen la vida muy complicada y casi siempre llena de situaciones difíciles.

Cuando hace dos meses más o menos te contaron lo que te pasaba, supiste encajarlo con la entereza y dignidad que te caracteriza. No hubo llantos, ni voces, ni malas formas. Como me dijiste no hace mucho: “es lo que toca y a ver qué pasa”.

¿Sabes una cosa Juancar? Es cierto que todos los que formamos esta Casa estamos tristes, pero también es cierto que tenemos mucha paz y tranquilidad. Todos te hemos mimado y cuidado hasta el último momento de tu vida. No has estado solo Juan Carlos. Hay que destacar la actitud que han tenido contigo tus cuidadores, todos. Te han mimado hasta donde tú les has dejado. Tu vida ha sido demasiado dura como para ser mimoso. Eso si, ha habido una persona a la que le has permitido más entrar en tu intimidad, en tu vida: Mari Carmen Sánchez. Te aferraste a ella como si quisieras que te protegiera y cuidara de tu intimidad y tu dignidad.

En tu último momento saliste de casa de la mano de Sonsoles Pedrero que fue como tu ángel de la guarda y en el hospital te esperaba Ana Teresa, una de tus jefas de residencia. Fue la única y última persona que habló contigo, que te trasmitió paz y tranquilidad y que con su mirada puesta en la tuya te protegió y te dio familiaridad. La única que supo de tu punto y final.

 Juan Carlos ojalá ya disfrutes en tu nueva vida, en esa vida eterna, de toda la armonía que aquí te negaron. Ojalá estés feliz y que te arropen personas que ya conocías. Yo en nombre de todos los que formamos La Casa Grande de Martiherrero te pido perdón por lo que te hayamos podido hacer a lo largo de tu vida aquí y que a ti no te haya parecido acertado. También en su nombre te pido que nos protejas y nos ayudes desde el lugar en el que habites.

¡Ay Juan Carlos! Cuánto cuesta hablarte en pasado y también cuánto duele repasar tu vida. Duele extrañarte ya y da mucha pena no poder hacer nada. Has dejado un espacio muy vacío y que ya te digo, que será muy difícil de llenar. Tú has volado muy alto. Pienso que estás en el cielo y a tus compañeros y los que formamos esta familia les he dicho que siempre que te queramos ver, debemos mirar hacia el cielo y sonreír. No podremos olvidarte porque nos has dejado muchísimas cosas para recordarte.

Particularmente yo quiero recordarte en una foto en la que apareces con tu compañero Pedro Sáez presentando los premios Promecal, aquellos premios en los que nos galardonaron y en los que tu apareciste como un gran señor, guapísimo, como un auténtico galán de cine. Ese día brillaste con luz propia y demostraste de nuevo lo que sólo tú sabías que eras capaz de hacer.

Un abrazo enorme y eterno de todo corazón.

Ah! Gracias por haber estado en nuestras vidas. Te queremos Juan Carlos.